El modelo generacional de consolas ha terminado

El modelo generacional de consolas ha terminado

El modelo propuesto por Microsoft cambia el estancamiento generacional de las consolas por saltos incrementales, con especial atención al ecosistema y no al dispositivo final.

Si echamos la vista atrás, Microsoft lleva unos cuantos meses dándonos pistas sobre su visión del futuro de los videojuegos. Y a pesar de que lo veíamos venir, nunca imaginábamos que la compañía nos iba a poner tan fácil jugar. Porque de eso se trata el asunto. De jugar. No importa dónde, no importa cómo. Lo importante es que todos aquellos que quieran disfrutar de los videojuegos lo hagan.

Y sin verlo, Microsoft, plataforma de Xbox mediante, nos ha enseñado un poquito del futuro de los videojuegos. Un futuro en el que los grandes lanzamientos se habían puesto en entredicho por la eclosión del juego móvil, ocasional y de bajo presupuesto y alta rentabilidad. Simplificándolo mucho, el movimiento de Microsoft, que de una forma u otra va a ser replicado —esta vez sí— por el resto de la industria, es una respuesta a ese alejamiento del jugador más ocasional que mueve la rueda de la industria del videojuego a golpe de triple A.

La propuesta es sencilla, sí, pero increíblemente efectiva para hacer al videojuego con mayúsculas más accesible a todos: convertir lo que hasta ahora era una plataforma cerrada —la de las consolas— en un ecosistema completo abierto al multidispositivo. Básicamente, Microsoft ha convertido la estrategia inicial de Xbox One, mal comunicada, con muchas dudas y con un futuro incierto, en una estrategia transparente, coherente con el resto de plataformas y, sobre todo, conciliadora con eso que decíamos antes de abrir el videojuego a cualquier jugador. Ya no se limita solo a los poseedores de una Xbox One —con sus exclusivos— o al jugador del PC por separado, con su enorme catálogo y bajos precios.

El nuevo enfoque, por tanto, es incluso refrescante para la industria. Y sin duda es una muestra clara, en voz alta y contundente, de que Microsoft está muy lejos de abandonar el mercado del videojuego: quiere aprovechar las sinergias que tiene entre sus dos plataformas y convertirlas en una. Que se termine la guerra entre el PC y la consola para convertir el mercado en uno.

¿No sería maravilloso comprar un juego y tenerlo disponible en todas las plataformas? Comprarlo en PC y jugarlo en la consola. Comprarlo en la consola y jugar en el PC. O en el tablet. O en el móvil. Para que al final lo que importa sea jugar. Sobre el papel, Microsoft propone un ecosistema de compra y juego cruzado (cross buy, cross play) de forma que los juegos disponible para Windows 10 lo sean también para Xbox, independientemente del apellido que lleve esta detrás: One, S, Scorpio… e ir hacia el ecosistema en vez de hacia el modelo de distribución exclusiva de plataformas cerradas con base generacional.

Y es que con este movimiento, Microsoft elimina del mercado el concepto de generación de consolas. Un modelo que se basa en lanzar un hardware al mercado durante una media de 6-7 años para el que se van lanzando títulos a lo largo de su vida útil, utilizando un mismo hardware mientras la rueda tecnológica, con propuestas más potentes, sigue avanzando.

Siete años, en los tiempos que corren, son demasiados para mantener presos a los jugadores y limitados a los desarrolladores. Es por ello que la propuesta de Microsoft —que Sony con su NEO parece que va a seguir— es tan interesante: crear una plataforma con diferentes dispositivos compatibles entre sí que van recibiendo, cuando la tecnología lo permite, mejoras de hardware incrementales en forma de nuevos devices.

Y aquí viene lo interesante: todos estos dispositivos y los títulos que les acompañan son compatibles entre sí, retrocompatibles con los nuevos dispositivos que salgan al mercado, y con las características de juego cruzado y compra cruzada que comentaba anteriormente. Da igual si es One, S o la futura Scorpio. Habrá disponible gama baja, media y alta repartidas entre la One, la One S, Scorpio y Windows 10, que abarcará, en función del hardware, las tres. Y será el jugador el que elija en qué dispositivo jugar en función de sus posibilidades, predisposición a cambiar de hardware o poder adquisitivo para dar el salto a las gamas más altas. Pero no se limitará a nadie, pues el juego base estará disponible para todos, y solo necesitarán los dispositivos más altos o más potentes aquellos jugadores más exigentes o que quieran dar al salto al 4K.

Hacer del PC y de la consola una plataforma única y compatible entre sí

incrementales, con especial atención al ecosistema y no al dispositivo final.

Si echamos la vista atrás, Microsoft lleva unos cuantos meses dándonos pistas sobre su visión del futuro de los videojuegos. Y a pesar de que lo veíamos venir, nunca imaginábamos que la compañía nos iba a poner tan fácil jugar. Porque de eso se trata el asunto. De jugar. No importa dónde, no importa cómo. Lo importante es que todos aquellos que quieran disfrutar de los videojuegos lo hagan.

Y sin verlo, Microsoft, plataforma de Xbox mediante, nos ha enseñado un poquito del futuro de los videojuegos. Un futuro en el que los grandes lanzamientos se habían puesto en entredicho por la eclosión del juego móvil, ocasional y de bajo presupuesto y alta rentabilidad. Simplificándolo mucho, el movimiento de Microsoft, que de una forma u otra va a ser replicado —esta vez sí— por el resto de la industria, es una respuesta a ese alejamiento del jugador más ocasional que mueve la rueda de la industria del videojuego a golpe de triple A.

La propuesta es sencilla, sí, pero increíblemente efectiva para hacer al videojuego con mayúsculas más accesible a todos: convertir lo que hasta ahora era una plataforma cerrada —la de las consolas— en un ecosistema completo abierto al multidispositivo. Básicamente, Microsoft ha convertido la estrategia inicial de Xbox One, mal comunicada, con muchas dudas y con un futuro incierto, en una estrategia transparente, coherente con el resto de plataformas y, sobre todo, conciliadora con eso que decíamos antes de abrir el videojuego a cualquier jugador. Ya no se limita solo a los poseedores de una Xbox One —con sus exclusivos— o al jugador del PC por separado, con su enorme catálogo y bajos precios.

El nuevo enfoque, por tanto, es incluso refrescante para la industria. Y sin duda es una muestra clara, en voz alta y contundente, de que Microsoft está muy lejos de abandonar el mercado del videojuego: quiere aprovechar las sinergias que tiene entre sus dos plataformas y convertirlas en una. Que se termine la guerra entre el PC y la consola para convertir el mercado en uno.

¿No sería maravilloso comprar un juego y tenerlo disponible en todas las plataformas? Comprarlo en PC y jugarlo en la consola. Comprarlo en la consola y jugar en el PC. O en el tablet. O en el móvil. Para que al final lo que importa sea jugar. Sobre el papel, Microsoft propone un ecosistema de compra y juego cruzado (cross buy, cross play) de forma que los juegos disponible para Windows 10 lo sean también para Xbox, independientemente del apellido que lleve esta detrás: One, S, Scorpio… e ir hacia el ecosistema en vez de hacia el modelo de distribución exclusiva de plataformas cerradas con base generacional.

Y es que con este movimiento, Microsoft elimina del mercado el concepto de generación de consolas. Un modelo que se basa en lanzar un hardware al mercado durante una media de 6-7 años para el que se van lanzando títulos a lo largo de su vida útil, utilizando un mismo hardware mientras la rueda tecnológica, con propuestas más potentes, sigue avanzando.

Siete años, en los tiempos que corren, son demasiados para mantener presos a los jugadores y limitados a los desarrolladores. Es por ello que la propuesta de Microsoft —que Sony con su NEO parece que va a seguir— es tan interesante: crear una plataforma con diferentes dispositivos compatibles entre sí que van recibiendo, cuando la tecnología lo permite, mejoras de hardware incrementales en forma de nuevos devices.

Y aquí viene lo interesante: todos estos dispositivos y los títulos que les acompañan son compatibles entre sí, retrocompatibles con los nuevos dispositivos que salgan al mercado, y con las características de juego cruzado y compra cruzada que comentaba anteriormente. Da igual si es One, S o la futura Scorpio. Habrá disponible gama baja, media y alta repartidas entre la One, la One S, Scorpio y Windows 10, que abarcará, en función del hardware, las tres. Y será el jugador el que elija en qué dispositivo jugar en función de sus posibilidades, predisposición a cambiar de hardware o poder adquisitivo para dar el salto a las gamas más altas. Pero no se limitará a nadie, pues el juego base estará disponible para todos, y solo necesitarán los dispositivos más altos o más potentes aquellos jugadores más exigentes o que quieran dar al salto al 4K.

Hacer del PC y de la consola una plataforma única y compatible entre sí

Por simplificarlo, es el modelo del móvil llevado a los videojuegos: tienes un terminal, que se renueva cada año pero cuyo software sigue siendo compatible con los anteriores —en lo que permite su hardware— y los futuros. De hecho, el modelo propuesto de Microsoft es similar al de Apple, tanto en lo que se refiere a los aumentos incrementales de hardware del iPhone como su compatbilidad cruzada (de hecho mucho más pobre de la propuesta por Microsoft para el juego) del iPhone/iPad/ATV con el Mac.

Y no son promesas de futuro: todos los juegos anunciado en este E3 (y los anteriores) serán compatibles con esta propuesta universal que Microsoft ha bautizado con Xbox Play Anywhere: Gears of War 4, Forza Horizon 3, ReCore, Sea of Thieves, Halo Wars 2, Scalebound, Killer Instinct Season 3, State of Decay 2, ARK: Survival Evolved, Cuphead, We Happy Few y Crackdown 3.

Ahora, al comprar uno de los títulos de la plataforma Xbox, (es decir, a través de la tienda digital de Xbox o de Windows 10) podremos jugar indistintamente en Xbox One o en Windows 10. Empezar la partida en uno y terminarla en otro. Pues todo es compatible a través de Xbox Live como plataforma única. Con este movimiento, la paridad entre la consola y el PC es completa, y lo único que necesita es el apoyo de los desarrolladores y Third-party.

DLCs, Logros, complementos de juego… todo estará disponible en todos sitios, puesto que es una plataforma única que girará en torno a Xbox Live como ecosistema. De hecho, podemos ver una muestra de este futuro con el anuncio de Minecraft y su posibilidad de poder jugar en cualquier dispositivo: Windows 10, Xbox, PS4, iOS, Android… La idea es, simplemente, jugar. No importa donde lo hagas.

Hay dudas pendientes, sí, pero el futuro de una plataforma única de videojuegos es esperanzador e interesante. Y sobre todo, positivo para la industria. Ahora habrá que ver la respuesta no solo del consumidor, también del resto del mercado. Pero si ambos responden a este llamamiento al mismo nivel que se ha respondido al móvil, el futuro del videojuego está en buenas manos.

Al final, si lo simplificamos al máximo, el concepto es hacer juegos como servicio. No es algo nuevo. Básicamente es a lo que ha estado jugando Valve desde el lanzamiento de Steam, pero centrado en el PC. Ahora Microsoft quiere llevar esa misma filosofía también al salón, y quién sabe si más allá. Sea como sea, este E3, y no solo de la mano de Microsoft, nos ha dejado un hecho irrevocable: el modelo de consola generacional ha muerto. Larga vida a los ecosistemas.

Fuente: Hipertextual